"No escribo para ser entendido, escribo para comprender"

Robert Cecil Day-Lewis (1904-1972),
poeta irlandés

miércoles, 26 de febrero de 2014

"La alabanza", de Amado Nervo (cuento)


    El pícaro egoistón sabía de sobra lo que valía su mujer; pero se cuidaba desesperadamente de decirlo a nadie, y mucho menos a ella misma.

    "Para mí solo - pensaba - : para mí solo esa gracia inefable que fluye de cada uno de sus movimientos, que florece en cada una de sus sonrisas. Para mí solo ese ritmo suave del andar. Para mí la entonación deliciosa de su voz. Para mí sus cualidades de ama de casa insustituible, y todos sus encantos secretos y todas las armonías ocultas de su cuerpo y de su alma..."

    Como vivían aislados, por tendencia invencible de carácter en los dos, el "usufructo", llamémosle así, de cuanto valía Elena, era de Manuel. Nadie podía siquiera rendir a aquella mujer excepcional el elogio secreto que se imponía al alma en cuanto se la trataba.

    La vanidad femenina, o la intuición, tienen empero, han tenido siempre, grandes aciertos, y es claro que Elena sabía que era graciosa, que era discreta, que valía mucho. Pero como jamás una alabanza de su marido (a quien adoraba), ni un cumplido de los extraños, a quienes no veía casi, venía a corroborar su interior dictamen; como Manuel, por otra parte, era el espejo por excelencia en que ella se veía, acabó la pobre por dudar de sus encantos y hasta por olvidar que los tenía.

    Iba viviendo como una Cenicienta, a quien ningún príncipe había rendido aún homenaje, a quien ninguna admiración había revelado todavía la maravillosa pequeñez de su chapín de cristal.

lunes, 17 de febrero de 2014

"Como una pintura nos iremos borrando", de Rey Nezahualcóyotl (poesía nahuatl)


¡Oh, tú con flores
pintas las cosas,
Dador de la Vida:
con cantos tú
las metes en tinte,
las matizas de colores:
a todo lo que ha de vivir en la tierra!
Luego queda rota
la orden de Águilas y Tigres:
¡Sólo en tu pintura
hemos vivido aquí en la tierra!

En esta forma tachas e invalidas
la sociedad (de poetas), la hermandad,
la confederación de príncipes.
(Metes en tinta)
matizas de colores
a todo lo que ha de vivir en la tierra.
Luego queda rota
la orden de Águilas y Tigres:
¡Sólo en tu pintura
hemos venido a vivir aquí en la tierra!

Aun en estrado precioso
en cada de jade
puedan hallarse ocultos los príncipes:
de modo igual somos, somos mortales,
los hombres, cuatro a cuatro,
todos nos iremos,
todos moriremos en la tierra.

Percibo su secreto,
oh vosotros, príncipes:
De modo igual somos, somos mortales,
los hombres, cuatro a cuatro,
todos nos iremos,
todos moriremos en la tierra.

Nadie esmeralda,
nadie oro se volverá,
ni será en la tierra algo que se guarda:
Todos nos iremos
hacia allá igualmente:
nadie quedará, todos han de desaparecer:
de igual modo iremos a su casa.

Como una pintura
nos iremos borrando,
como una flor
hemos de secarnos
sobre la tierra,
cual ropaje de plumas
del quetzal, del zacuán,
del azulejo, iremos pereciendo.
Iremos a su casa.

Llegó hasta acá,
anda ondulando la tristeza
de los que viven ya en el interior de ella...
No se les llore en vano
a Águilas y Tigres,,,
¡Aquí iremos desapareciendo:
nadie ha de quedar!

Príncipes, pensadlo,
oh Águilas y Tigres:
pudiera ser jade,
pudiera ser oro,
también allá irán
donde están los descorporizados.
¡Iremos desapareciendo:
nadie ha de quedar!



Rey Nezahualcóyotl

martes, 11 de febrero de 2014

"Un año o dos o tres", de Jaime Sabines


Un año o dos o tres,
te da lo mismo.
¿Cuál reloj es la muerte?, ¿Qué campana
incesante, silenciosa, llama y llama?
¿qué subterránea voz no pronunciada?
¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito
de los dientes atrás, en la garganta
aérea, flotante, pare escamas?

¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados
los brazos y las piernas y la cara,
arrendados al hoyo, entretenidos
los jugos en la cáscara?
¿para exprimir los ojos noche a noche
en el temblor oscuro de la cama,
remolino de quietas transparencias,
descendimiento de la náusea?

¿Para esto morir?
¿para inventar el alma
el vestido de Dios, la eternidad, el agua
del aguacero de la muerte, la esperanza?
¿morir para pescar?
¿para atrapar con su red a la araña?

Estás sobre la playa de algodones
y tu marea de sombras sube y baja.


Jaime Sabines

También de Jaime Sabines: 


"The tiger", by William Blake


Tiger! Tiger! burning bright
In the forest of the night
What inmortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?

And What shoulder, and what art,
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand? and what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? what dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And watered heaven with their tears,
Did he smile his work to see?
Did he who made the lam make thee?

Tiger! Tiger! burning bright
In the forests of the night,
What inmortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?


William Blake







sábado, 8 de febrero de 2014

"Me dueles", de Jaime Sabines


Me dueles.
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza, córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma búscame,
escúchame.
En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama,
pide tu asombro,
tu iluminado silencio.

Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.

¡Qué claridad tu rostro, que ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.


Jaime Sabines



También de Jaime Sabines: "Me tienes en tus manos".

lunes, 3 de febrero de 2014

domingo, 2 de febrero de 2014

"El mono que quiso ser escritor satírico", de Augusto Monterroso


En la Selva vivía una vez un Mono que quiso ser escritor satírico.


     Estudió mucho, pero pronto se dio cuenta de que para ser escritor le faltaba conocer a la gente y se aplicó a visitar a todos y a ir a los cocteles y a observarlos por el rabo del ojos mientras estaban distraídos con la copa en la mano.

     Como era de veras gracioso y sus ágiles piruetas entretenían a los otros animales, en cualquier parte era bien recibido y él perfeccionó el arte de ser mejor recibido aún.

     No había quien no se encajara en su conversación y cuando llegaba era agasajado con júbilo tanto por las Monas como por los esposos de las Monas y por los habitantes de la Selva, ante los cuales, por contrarios que fueran a él en política internacional, nacional o doméstica, se mostraba invariablemente comprensivo; siempre, claro, con el ánimo de investigar a fondo la naturaleza humana, sin que se le escapara nada.

     Entonces, un día dijo voy a escribir en contra de los ladrones, y se fijó en la Urraca, y principió a hacerlo con entusiasmo y gozaba y se reía y se encaramaba de placar a los árboles por las cosas que se le ocurrían acerca de la Urraca; pero de repente reflexionó que entre los animales de sociedad que lo agasajaban había muchas Urracas y especialmente una, y que se iban a ver retratadas en su sátira, por suave que la escribiera, y desistió de hacerlo.