"No escribo para ser entendido, escribo para comprender"

Robert Cecil Day-Lewis (1904-1972),
poeta irlandés

martes, 17 de septiembre de 2013

POESÍA COREANA: "Azáleas", de Kim, So Wol



AZÁLEAS

Cuando hastiado de verme
te marches,
te dejaré ir sin decir nada.

Del monte Yacsan en Young Byun,
arrancaré azáleas 
para arrojarlas en tu camino.

Paso a paso,
las flores esparcidas 
irás pisando tiernamente.

Cuando hastiado de mí 
te vayas,
contendré el llanto hasta mi muerte.


Kim So Wol
(1902-1934)



Raúl Aceves comentó que "este poema revela un profundo sentimiento de lealtad hacia lo amado. La tristeza de la despedida se sublima con una alfombra de flores preciosas. Es una tristeza ennoblecida. Contener el llanto equivale a contener el recuerdo de lo amado. Llorar es soltar, es olvidar. También en el reconocimiento de que los seres pueden hastiarse unos de otros, y sin embargo, seguirse recordando".

martes, 13 de agosto de 2013

"Amigo mío", de Gibran Jalil Gibran


He aquí un pensamiento que siempre me estremeció. Pertenece al libro "El loco" de Gibran Jalil Gibran. Disfruten:


"Amigo mío"


Amigo mío..., yo no soy lo que parezco. Mi aspecto es sólo un traje que llevo puesto, un traje hecho cuidadosamente; que me protege de tus preguntas, y a ti, de mi indiferencia.

El "Yo" que hay en mí, amigo mío, mora en la casa del silencio, y en ella permanecerá por siempre, inadvertido, inabordable.

No quisiera que creyeras en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, pues mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos, hechos sonido; y mis acciones, tus propias esperanzas convertidas en acción.

Cuando dices: " El viento sopla hacia el oriente", yo digo: " Sí, sopla hacia al oriente"; pues no quisiera hacerte saber que mi mente no mora en el viento, sino en el mar. Tú no puedes comprender mis navegantes pensamientos, ni me interesa que los comprendas. Prefiero estar a solas en el mar.

domingo, 9 de diciembre de 2012

"Argonautas", de Yorgos Seferis



ARGONAUTAS
Yorgos Seferis

Y un alma
si quiere conocerse
en un alma
ha de verse:
al extranjero, al enemigo, los vimos en el espejo.

Los compañeros eran bravos muchachos,
ni la fatiga ni la sed ni las heladas
les hacían gritar,
tenían los modales de los árboles y de las olas
que acogen al viento y a la lluvia
acogen a la noche y al sol
sin cambiar en medio de los cambios.


Eran bravos muchachos, días enteros
sudaban en los remos con los ojos bajos
respirando cadenciosamente
y su sangre enrojecía una piel dócil.


Cantaron una vez, con los ojos bajos,
cuando doblamos la isla abandonada de las opuncias,
hacia el oeste, más allá del cabo de los perros
que ladran.


Si quiere conocerse, decían,
en un alma ha de verse, decían,

domingo, 18 de noviembre de 2012

"La obra y el poeta", de R. F. Burton



LA OBRA Y EL POETA


El poeta hindú Tulsi Das compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Año después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron.


R. F. Burton


FUENTE: Borges, J.L.; Bioy-Casares, A.; Ocampo, S. Antología de literatura fantástica.

"Un auténtico fantasma", de Thomas Carlyle




"UN AUTÉNTICO FANTASMA"


¿Habría algo más prodigioso que un auténtico fantasma? El inglés Johnson anheló, toda su vida, ver uno; pero no lo consiguió, aunque bajó a las bóvedas de las iglesias y golpeó féretros. ¡Pobre Johnson! ¿Nunca miró las marejadas de vida humana que amaba tanto? ¿No se miró siguiera a sí mismo? Johnson era un fantasma, un fantasma auténtico; un millón de fantasmas lo codeaba en las calles de Londres. Borremos la ilusión del Tiempo, compendiemos los sesenta años en tres minutos, ¿qué otra cosa era Johnson, qué otra cosa somos nosotros? ¿Acaso no somos espíritus que han tomado un cuerpo, una apariencia, y que luego se disuelven en aire y en invisibilidad?


Thomas Carlyle
Sartor Resartus (1874)


FUENTE: Borges, J.L.; Bioy-Casares, A.; Ocampo, S. Antología de literatura fantástica.


martes, 13 de noviembre de 2012

El Eclesiastés, Capítulo III



El Eclesiastés

Capítulo III

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;

tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?