Nuevamente hartazgo,
nuevamente confusión,
se atoran las cuentas, se nubla la mente
se pierde la inspiración..
Si la profesión nos trata cual verdugo
si el oficio nos ha de torturar
¿a qué seguir dando vueltas y vueltas,
infinitas, bucles sin terminar?
Mas ¿qué sería de la vida
sin desafíos, sin aquella dificultad
que nos tortura, nos asfixia,
nos detiene y nos invita a avanzar?
Sigamos, aunque duela, aunque sangre
la herida quizás se haya de infectar
y el duelo no vivido nos corroe
aún así, no es posible renunciar.
Quizás, sí, definamos de nuevo la ruta,
tomemos fuerzas, ejercitemos el cambio
pero el final no ha de cambiar
al fin y al cabo, viajemos a Ítaca
aprendamos del viaje, a sufrir y a gozar.
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